Mostrando entradas con la etiqueta devan. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta devan. Mostrar todas las entradas

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Devan #290 - Once muestras

El motor resonaba entre el sonido de las plantas en un día de lluvia, cual aplausos amenizando la llegada de un mesías. Morph y Revis viajaban rumbo al Calo mientras preparaban sus roles.

- Supervisor de baterías, Jer Mill, 34 años, ingeniero industrial con experiencia en el mercado automotor, ¡de hecho este coche usa una batería supervisada por mí! - comentó Revis.
- Alguien con mucha labor de química, luego me las arreglo, soy Coll Mett, 76 años, experiencia en hidrocarburos y baterías. mencionó Morph.
- Jajaja, menudo nombre, es por ella ¿cierto? — decía Revis sonriente, mientras preparaba su rostro.
- No te entiendo. — replicó Morph, ya en proceso de enmascarado.

Once muestras cargaba Morph en su morral, mientras que el ahora rubio Revis revisaba disimuladamente su agenda.

- Entonces el chico vive por aquí, ¿como decías que se llama? ⏤ preguntó Revis.
- Evan, me parece ⏤ respondió el superior. ⏤ Devan, sí, Devan.


Devan #303 - Amenita verde

Aquellos zapatos negros perdieron el brillo usual del mediodía y el sol ahora mantenía caliente cúmulos de cenizas que casi ocultaban su calzado. La punta izquierda emergía despejando el suelo, rebuscaba algo cuando de entre la gris película un objeto de inusual brillo tornó sus ojos de un color púrpura.

- Amenita eh… quién sabe de qué restos será este polvo, joder mis zapatos...  comentó Morph
- ¡No solo polvo!, aquí hay algo más fundido, ¡mira!  Revis alzaba la mano, agitándola mientras en cuclillas revisaba algo debajo de sus rodillas.
- Toma una muestra, debemos averiguar que su fuente  indicó el superior, de pie, con los ojos verdes ahora analizando los mismos restos que su aprendiz todavía en cuclillas removía con una vara.


martes, 29 de noviembre de 2016

Devan #1029 - Esquirlas

Surcos oscuros contrastaban con la humedad y las partículas de polvo que reflejaban el brillo a la derecha de su rostro, sus ojos seguían resecos mostrando una leve irritación en la esclera, los labios casi partidos se mantenían inmóviles.

Devan #483 - Rescate

Cruzado de brazos, con el morral a un lado, Selar esperaba incómodo sobre los pocos asientos plásticos aún libres en la última fila del viejo bus de transporte. Los años habían marcado los cristales y el polvo adornaba cada borde de la estructura, viejas pegatinas distraían al público, cables sueltos remarcaban el techo al vaivén del recorrido y una luz resaltaba por encima formando una columna que se derramaba en el pasadizo; era verano, pero él llevaba un suéter azul casi roto sobre los hombros.

Miraba su desgastado calzado, no tenía suficientes créditos para un nuevo par, para el par que él quería, hechos de cuero dracónico con cordones y suela de fibra de vidrio además del sello  que brillaba en calor acreditando sus orígenes hélicos.

sábado, 19 de diciembre de 2015

Devan

Demonios, debería haberme mudado antes de que se cumplan las estimaciones que realicé años atrás; se están cumpliendo y mantengo la impotencia de no poder hacer nada, solo seguir apostando por un probable futuro no viviendo desgraciadamente el presente, no debo. Perderé vida sentado y escribiendo código por voluntad propia, pero no me perderé en el tiempo.

Vivo en un barrio marginal del Calo, aquel puerto cuyas esquinas son de mala fama, en un edificio antiguo propiedad de mi tío Teras, viejo hotelero de Phramfield. El silencio no llega por acá, se desfigura antes de llegar a mis oídos, el desorden pronto será caos ...

viernes, 22 de agosto de 2014

Devan #140

Un remedo de atmósfera se extendía sobre las cabezas de la posada, el humo expedido por labios secos y membranas húmedas formaba una ligera niebla aromática mientras el sonido de las varillas eléctricas de un grupo poco conocido de epop hacía menear los rostros de los comensales. Estaba hambriento, apenas había comido dos pedazos de pan y varias almejas crudas en el muelle.

- ¡Ey!, ¡tú bastardo!, sí, tú, el descalzo, ¡largaos del Dreyfus!, mi posada no insiste , solo reclama que paupérrimos como vos se limiten a pisar esta área, ¡Yum deshazte de él caramba!— exclamó el posadero, señalándome y mirando a un robot de combate.

- Retírate o utilizaré la fuerza, estoy autorizado para romperte los huesos — advertía el robot, mientras levantaba mi mirada pues me llevaba como tres cabezas de estatura, además de su anchura, me encontraba bajo su sombra.

- Tranquilo, tengo dinero, 1400 lenis para ser exacto, además soy ingeniero de segundo grado, puedo mejorar tu batería,  eh, vamos, conversa con tu jefe — traté de convencer al bot, mas este se resistió y dio un paso amenazante hacia mí, todo el peso del grafeno sólido y macizo en su contextura retumbaba las mesas y formaba un nudo en mi garganta al imaginar mi cara desfigurada, decidí salir retrocediendo lentamente y levantando las dos manos como símbolo de resignado.

Fue mala idea venir en aquel camión de basura, era la única manera de salir de aquel muelle abandonado, considerando que el viaje duró cinco horas, si hubiese emprendido la ruta a pie, de seguro estuviese muerto. En fin, no resultaría ser una mala idea, ¿pero por qué tuve que ir junto a la basura?. Claro, claro, el protocolo, las leyes, maldita TTA, pero está bien, tengo que obedecer a cuestas, el punto es que sería muy sospechoso que un ser humano saldriese de la nada de un muelle viejo y solitario, vestido de un traje blanco demasiado nuevo para la ocasión junto a artefactos raros en el rostro, así que colarme detrás, colarme detrás quedará para la persistencia.

Ahora, ¿no se supone que un camión de basura deja los deshechos y regresa a la metrópoli limpia para nuevas cargas?, correcto, pero parece que en realidad me subí a un camión de reciclaje, sí, de seguro que es eso, de otro modo por qué acabaría tirado en un depósito de chatarra, demonios, no debería haber dormido demasiado.

Seguía pensando, sentado, en un callejón cerca a la posada, el sonido delicado del paso de una cucaracha me permitió seguir su rastro, ella también buscaba comida, ¿y si la sigo?¿me la como?.

- Hola jovenzuelo, tenemos un asunto contigo — tres individuos de vestimenta elegante obstruían la salida del callejón, uno cargaba un cuchillo y golpeaba la hoja repetidas veces sobre la palma de una de sus manos.

- ¿Qué queréis?¿No os conozco de antes? — trataba de conducir el diálogo mientras preparaba una ampolla del morral.

- Queremos esos lenis, venga, es simple, nos lo dais y nos vamos — explicó el del medio, un tipo de terno blanco y cabello rubio.

- Pero Julian, quiero tenerlo un ... — reclamó el de su izquierda, terno rojo, labios pintados y cabello largo negro.

- ¡Silencio! Iván, ¡Silencio! — exclamaba el que parecía ser el jefe.

- No sé de que me hableis, no tengo dinero, soy un pobre vagabundo que merodea por estas calles. — explicaba mientras empezaba a inyectarme la ampolla por detrás sin que se diesen cuenta.

- Bueno, si así lo quereis, así lo tendrais — exclamo el del medio.

- Y no habrá lugar a reclamo — susurró el de su derecha, lamiendo el cuchillo cuyo brillo resaltaba del terno azul que llevaba junto a la cabellera corta del mismo tono.

El azul, por así llamarlo, inició el ataque, corrió de inmediato a mí, con el cuchillo entre dientes. Salté por encima de él, y al girar le volteé la cara de una patada, el sonido del cuchillo rebotando en la acera agregaba cierto tono agudo a los pasos acelerados de sus compinches, uno sacó un arma de fuego, mientras el otro desveló  un par de bombas químicas personales, propia de asesinos muy escrupulosos. Solo tenía que correr, si una de esas bombas impactaba cerca a mí, en unas horas mis órganos estarían en el mercado negro, de las balas poco podría preocuparme, el traje hacía su trabajo. Ya me había dicho Revis sobre los pulmones de asalto, debería haber aceptado ese trasplante. Me impulsé hasta llegar a unas escaleras en caracol, las balas impactaban con los soportes de metal de las mismas, el de terno rojo esperaba algo para realizar su ataque, hasta que lo vi, una de esas cápsulas explotó dos metros encima mío y el agente químico empezaba a caer sobre mi ruta, reforcé mis muslos y salté hasta el otro muro sujetándome sobre los marcos de una ventana y evitando así aquél veneno, ya casi llegaba a la azotea cuando un dolor intenso acaeció sobre la planta de mi desnudo pie, una bala la había perforado.

domingo, 3 de agosto de 2014

Devan #532 - Mi idioma

Aquella entidad de apariencia reptil decapitó al ser largo que llevaba mi morral, la recogió y mirando directamente a la nave, clavó su lanza en el cadáver del gris, rotando a la misma sobre su centro con el objetivo de inflingir más dolor.

- Mátalos, Jiwa. Mátalos, antes que se eleven demasiado. — entendía el idioma, ¡lo entendía!, mi apresor me soltó, al voltear observé que aquel personaje manipulaba algo en su brazo, tenía una pequeña pantalla donde podía ver la figura de los objetos que hace un momento se encontraban esparcidos en las dunas.

La brillante nave se disponía a partir bajo la mirada amenazante de la asesina, hasta que explotó, la intensidad del suceso levantó poco más que arena, sin embargo esta no llegaba hasta la cueva, algo nos protegía, parecía ser un domo transparente.

- Pensábamos que ya no quedaban más pálidos, ¿dónde se refugian?¿por qué usan traje? — preguntaba el presunto autor de la explosión, su piel tenía un tono rojizo, llevaba un traje blindado, cinco dedos con una palma pulcra y blanca, además de muchos artefactos parecidos a armas que contenían su traje.

- ¿Cómo sabes mi idioma? — pregunté.

- Jajaja. —  el reptil me cogió bruscamente del cuello, tenía una fuerza inmesurable, podía sentir sus húmedas escamas en mi cuello —  Pobre edan, es nuestro idioma, debes agradecernos el conocimiento que brindamos a tu especie y rendirnos respeto, ¡el que pregunta aquí soy yo!.

- Déjalo Jiwa, está perdido. —  apareció aquella asesina de voz más cálida —  He revisado sus objetos, no creerás lo que he visto.

- ¡Déjame ver! — el tal Jiwa soltó bruscamente mi cuello, al tocarme noté pequeños hoyos en mi piel, brotaba un poco de sangre, inmediatamente empezaba a marearme.

- ¡No!, no tienes el rango adecuado, te enterarás por transmisión, pero ahora no. —  respondió con autoridad la reptil, empezaba a observar opacado el entorno y un fuerte dolor de estómago parecía derretir mi interior —  ¡Bastardo!, lo envenenaste con tus manos, ¡te dije que uses los guantes! —  lo entendí, envenenamiento, bacterias, gérmenes, cualquier cosa podría matarme en esos momentos.

- Perdone mi Serat, por favor no ... — Serat le extirpó un brazo, lo sabía porque pude apreciar el miembro en el suelo, aún con movimiento en sus dedos, mientras entraba en un proceso de convulsión — ¡No! —  gritó Jiwa discretamente.

- ¡Sí Jiwa!¡Así aprenderás!¡Estás cauterizado y dopado, no llores como lagarto!¡Ahora debemos llevar a este pálido abajo antes que muera por tu irresponsabilidad! — explicaba Serat, cogiéndome entre brazos.

miércoles, 4 de junio de 2014

Nébula v0.1

Como aquella nebulosa, 
perfecta en su dimensión, 
extendiendo su luz sin conciencia alguna, 
seduciendo las mentes de los que descubren su presencia,
objeto de análisis u obsesión, 
yace ella a miles de años luz.

El tímido la observa, 
un espacio de memoria ahora alberga su desgracia, 
hipótesis surgen de sus labios 
sugiriendo quimeras imposibles de concretar,
maniacas propuestas despiertan su mente, 
algoritmos complejos alimentan la fe 
hacia su nueva deidad,
hacia la materia nebular. 

El hombre la trata de olvidar,
él la trata de dejar,
mientras ella eternamente está,
bajo aquel artefacto ocular,
esperando de nuevo desgraciar a
nuevos testigos de su belleza.

El genio configura su vida,
para a la nebulosa llegar,
altera su ser,
para con ella algún día estar,
cada vez más cerca,
cada vez más lejos.

El sabio agradece valiente,
la bendición de su santidad,
quien por inercia
cambió la vida a un estúpido más.

jueves, 1 de mayo de 2014

Hackear

Frente a frente estamos los dos
en una simbiosis extranatural
uno brilla y el otro presta la voz
bajo una labor efectivamente plural

Atento dirijo unos comandos
caracteres alfanuméricos reaccionan al compás
mientras la colisión entre bandos
parece casi estallar descartando así cualquier oportunidad de paz

Es mi consola neuronal
aquel dispositivo artificial
no acto para nada banal
sino para lo único esencial

Mi virus está por abordar
la terminal lista para ejecutar
esto decidirá cual bando ha de ganar
para por fin las muertes poder parar

Catorcemil líneas las latas han de tragar
la red he de vulnerar
satélites van a comunicar
las ordenes a atrofiar

Es mi código magistral
aquel arte sensacional
que un viaje astral
ha de hacer por el espacio sideral

Ya tengo el control de las máquinas
la dictadura reptil terminará
y mi nombre impreso en láminas
el pueblo pronto venerará

Kalos empieza a temblar
pues la armada bajo mi mando está
la rendición ofrece firmar
y Larsen acepta tal cual está

Es mi victoria personal
mi ego ahora es abismal
tendré que hacer algo descomunal
para hacer de mí alguien proverbial

- Just Hack -

viernes, 22 de noviembre de 2013

Devan #340 | Mubobobo, búscalo.

Boris no tenía dinero, tenía miedo, impotencia quizás. Su pequeño y casero laboratorio necesitaba de fondos para subsistir, no quería pedirle dinero a su padre - único sustento familiar - por motivos de orgullo. Ya casi terminaba la universidad, pero no sabía en qué puesto trabajar, considerando su descarte de diferentes especialidades que por desinterés no quería seguir, todo era común para él. De acuerdo a lo que me dijo en el taller de robótica años atrás, su única salvación era la IMB una corporación de investigación y manufactura de maquinaria interestelar. Hasta que desapareció, me abandonó. Ahora lo volvía a ver después de varios meses, en la red era difícil encontrarlo :

- Hola Boris, que onda con esas notas — me senté sigilosamente, él estaba solo en el comedor, cabizbajo como ocultándose de la mirada general de los cientos de jovenes que usualmente almorzaban juntos.
- ¡El señor Devan!, el preferido del taller de Serbas, el más adiestrado en las artes del código empero un desastre con las tuercas y digna verguenza para Aristóteles, ¿quieres una ayuda con tu tarea de física elemental de nuevo? — levantó su mirada, pronunciadas ojeras relucían en su rostro, pero esa sonrisa intelectual siempre destacaba.
- ¡Boris Orbus!, quizás el mejor mecatrónico de la universidad, empero una verguenza para educar a sus máquinas, ¿quieres que le de alma a tus bots de nuevo? — le respondí desafiadamente, antaño nos complementabamos perfectamente, se podría decir que hacíamos el equipo perfecto. Si no fuera por su retirada parcial un par de semestres, algunos dicen por un intento de suicidio, podríamos haber fundado una gran empresa.
- ¿Cómo vas con los cursos — le pregunté mientras disponía en la mesa mi cuenco de vegetales y legumbres — especialmente aquellos dónde hay chicas.
- Cuatro, ya han sido cuatro las víctimas — reía, levantando cuatro dedos, luego tomó una cuchara de su sopa y retorno a escribir extraños símbolos en un papel que tenía al costado de sus servicios.
- No me jodas, cómo que cuatro, sí apenas le hablabamos a la bibliotecaria — estaba exaltado, no podía creer que Boris había salido con más féminas de las que tenía en mente, es cierto que ya han pasado dos años desde que nos separamos y siempre pensaba que Boris ya había debutado a pesar de su extrema timidez, pero con cuatro, con cuatro era exagerado, solo digno de verdaderos seductores.
- Sorpréndete, todo está aquí, ¿entiendes? — me explicaba mientras golpeaba su frente con su índice.
- Entiendo, ¿clases particulares? — trataba de adivinar su secreto.
- Podría ser, pero lleva mucho tiempo, y las probabilidades son ínfimas considerando mi aspecto — explicaba extendiendo sus manos, y bueno, un pequeño arroz volaba en medio.
- Mmm, ¿ahora haces cosas de jóvenes promedio?¿aguardiente?  — intenté otra vez de descubrir sus métodos.
- No. ¿Recuerdas el libro prohibido de Froud que robamos de la biblioteca pero solo te dejé leer unas cuántas páginas antes de llevármelo a casa? — se refería a un par de años atrás, cuando queríamos estudiar ciencias ocultas, los libros pertinentes estaban disponibles solo para Astres, el máximo nivel académico después de Stelars, Lumnus y Alumnos. Nosotros apenas eramos alumnos, así que teníamos que escabullirnos para encontrar lo divertido.
- Sí, lo tengo grabado en estos lentes — respondía tocando las gafas inteligentes que llevaba.
- Mubobobo, búscalo. — me indicó riendo diabólicamente — sabes que soy obediente a la ley , así que solo lo uso para interferir en los sueños de mis víctimas, mas no para tomar acción física alguna. Los del astral me vigilan ¿sabes?. Debería compartirte el libro, pero antes debes visitar al maestro, aquel que me internó ese par de semestres cuando estuve ausente.
- ¿Los fumadores de porro?¿Crees en los Eoclen? — le pregunté frunciendo el ceño.
- No creo en los eoclen, ellos creen en mí — me respondió astútamente, ¿a qué se refería con que los eoclen necesitaban creer en él, es que acaso los eoclen confían en las personas sus artes, nos necesitan?
- Venga Boris, mucho porro te ha hecho daño.  — le increpaba, las ojeras podían ser resultantes de hierba quizás, hasta que vi mi reloj — ¡mierda! tenía un examen hace cinco minutos. Nos vemos en la red, y quizás físicamente en meses, ¡adieu!.

[Perspectiva de Boris]

- ¿Quién es, Boris?  — la voz del maestro dremor susurraba a mis oídos.
- Maestro Froud, es Devan, un amigo particular. — le respondía, mientras escribía los símbolos necesarios para entrar a la biblioteca de nuevo y reemplazar aquellos libros que necesitaba usando solo mi proyección astral.
- Lo conoceré muy pronto, ¿no es cierto Boris? — era una orden, Froud no pide favores.
- ¿Tiene algo en especial un instructor de latas? — trataba de averiguar por qué le interesaba el idiota de Devan.
- Depresión.  — ¿depresión?. El maestro no conoce la fase maniaca de Devan, su transtorno le ha dado la oportunidad de llamar la atención de un eoclen, interesante. Pero no puedo refutar al jefe. Joder, ya casi acabo, odio estar entre tantos jóvenes.