Aquella entidad de apariencia reptil decapitó al ser largo que llevaba mi morral, la recogió y mirando directamente a la nave, clavó su lanza en el cadáver del gris, rotando a la misma sobre su centro con el objetivo de inflingir más dolor.
- Mátalos, Jiwa. Mátalos, antes que se eleven demasiado. — entendía el idioma, ¡lo entendía!, mi apresor me soltó, al voltear observé que aquel personaje manipulaba algo en su brazo, tenía una pequeña pantalla donde podía ver la figura de los objetos que hace un momento se encontraban esparcidos en las dunas.
La brillante nave se disponía a partir bajo la mirada amenazante de la asesina, hasta que explotó, la intensidad del suceso levantó poco más que arena, sin embargo esta no llegaba hasta la cueva, algo nos protegía, parecía ser un domo transparente.
- Pensábamos que ya no quedaban más pálidos, ¿dónde se refugian?¿por qué usan traje? — preguntaba el presunto autor de la explosión, su piel tenía un tono rojizo, llevaba un traje blindado, cinco dedos con una palma pulcra y blanca, además de muchos artefactos parecidos a armas que contenían su traje.
- ¿Cómo sabes mi idioma? — pregunté.
- Jajaja. — el reptil me cogió bruscamente del cuello, tenía una fuerza inmesurable, podía sentir sus húmedas escamas en mi cuello — Pobre edan, es nuestro idioma, debes agradecernos el conocimiento que brindamos a tu especie y rendirnos respeto, ¡el que pregunta aquí soy yo!.
- Déjalo Jiwa, está perdido. — apareció aquella asesina de voz más cálida — He revisado sus objetos, no creerás lo que he visto.
- ¡Déjame ver! — el tal Jiwa soltó bruscamente mi cuello, al tocarme noté pequeños hoyos en mi piel, brotaba un poco de sangre, inmediatamente empezaba a marearme.
- ¡No!, no tienes el rango adecuado, te enterarás por transmisión, pero ahora no. — respondió con autoridad la reptil, empezaba a observar opacado el entorno y un fuerte dolor de estómago parecía derretir mi interior — ¡Bastardo!, lo envenenaste con tus manos, ¡te dije que uses los guantes! — lo entendí, envenenamiento, bacterias, gérmenes, cualquier cosa podría matarme en esos momentos.
- Perdone mi Serat, por favor no ... — Serat le extirpó un brazo, lo sabía porque pude apreciar el miembro en el suelo, aún con movimiento en sus dedos, mientras entraba en un proceso de convulsión — ¡No! — gritó Jiwa discretamente.
- ¡Sí Jiwa!¡Así aprenderás!¡Estás cauterizado y dopado, no llores como lagarto!¡Ahora debemos llevar a este pálido abajo antes que muera por tu irresponsabilidad! — explicaba Serat, cogiéndome entre brazos.
domingo, 3 de agosto de 2014
Schz #4 - Salado
Su oscura consciencia escuchaba pasos en ascendiente volumen, hasta que un rápido golpe en la puerta de su habitación obligó a despejar sus tinieblas.
- ¡San, despierte chico, me parece que se hace tarde! — exclamaba una vieja voz a lo lejos — ¿es qué acaso no tenía un examen hoy día?.
El joven empezaba a saborear un fluido salado mientras que desde su posición podía ver debajo de la puerta las chancletas de la señora que le rentaba la habitación desde hace unos meses, mujer con quien la confianza entre los dos llegaba a ser mutua.
- ¡Gracias señora, estoy despierto, ya casi salgo! — respondía Santiago mientras se levantaba de la caída, cuando la admiración se reflejó en sus ojos.
Había un pequeño charco rojo en el piso, aquel sabor era su sangre que sin control alguno había brotado desde su nariz, "debío haber sido ese raro sonido y el fuerte dolor de cabeza" pensaba mirando, todavía casi sentado, el espejo.
"Examen, examen" pensaba. ¡Examen de Cálculo! — exclamó Santiago.
- ¡San, despierte chico, me parece que se hace tarde! — exclamaba una vieja voz a lo lejos — ¿es qué acaso no tenía un examen hoy día?.
El joven empezaba a saborear un fluido salado mientras que desde su posición podía ver debajo de la puerta las chancletas de la señora que le rentaba la habitación desde hace unos meses, mujer con quien la confianza entre los dos llegaba a ser mutua.
- ¡Gracias señora, estoy despierto, ya casi salgo! — respondía Santiago mientras se levantaba de la caída, cuando la admiración se reflejó en sus ojos.
Había un pequeño charco rojo en el piso, aquel sabor era su sangre que sin control alguno había brotado desde su nariz, "debío haber sido ese raro sonido y el fuerte dolor de cabeza" pensaba mirando, todavía casi sentado, el espejo.
"Examen, examen" pensaba. ¡Examen de Cálculo! — exclamó Santiago.
jueves, 3 de julio de 2014
Schz #3 - Al despertar
Santiago algo entumecido, con la cabellera larga, húmeda y rizada circunscribiendo su rostro, trata de estimar el trayecto de las gotas que desde la punta de su nariz inician la partida hasta impactar en la superficie cerámica azul del lavabo. Levanta su perfil y piensa cómo aquel rostro pálido con surcos difusos bajo los ojos podía contener su vida, repara por fin que todos estos años esa ha sido su envoltura, kilogramos de órganos, huesos y demás fluidos conforman su persona. Extiende la meditación, mirando fijamente el brillo de sus púpilas que en el reflejo del espejo logran resaltarse. Hay algo diferente, parece sospechar a medida que el frío recorre sus mejillas. Una tonalidad rojiza resalta sus labios, se nota más étereo, blanco y nulo. Fuertes susurros empiezan a asustarle, un escalofrío invade su espalda hasta que un fuerte pitido retumba su cerebro, él se sujeta la cabeza con sufrimiento, empieza a gritar moderadamente, mientras aquel tono inflinge aún más dolor en sus oídos, se sienta forzosamente y cae desnudo, en vapor, inconsciente.
miércoles, 4 de junio de 2014
Nébula v0.1
Como aquella nebulosa,
perfecta en su dimensión,
extendiendo su luz sin conciencia alguna,
seduciendo las mentes de los que descubren su presencia,
objeto de análisis u obsesión,
yace ella a miles de años luz.
El tímido la observa,
un espacio de memoria ahora alberga su desgracia,
hipótesis surgen de sus labios
sugiriendo quimeras imposibles de concretar,
maniacas propuestas despiertan su mente,
algoritmos complejos alimentan la fe
hacia su nueva deidad,
hacia la materia nebular.
El hombre la trata de olvidar,
él la trata de dejar,
mientras ella eternamente está,
bajo aquel artefacto ocular,
esperando de nuevo desgraciar a
nuevos testigos de su belleza.
El genio configura su vida,
para a la nebulosa llegar,
altera su ser,
para con ella algún día estar,
cada vez más cerca,
cada vez más lejos.
El sabio agradece valiente,
la bendición de su santidad,
quien por inercia
cambió la vida a un estúpido más.
jueves, 1 de mayo de 2014
Hackear
Frente a frente estamos los dos
en una simbiosis extranatural
uno brilla y el otro presta la voz
bajo una labor efectivamente plural
Atento dirijo unos comandos
caracteres alfanuméricos reaccionan al compás
mientras la colisión entre bandos
parece casi estallar descartando así cualquier oportunidad de paz
Es mi consola neuronal
aquel dispositivo artificial
no acto para nada banal
sino para lo único esencial
Mi virus está por abordar
la terminal lista para ejecutar
esto decidirá cual bando ha de ganar
para por fin las muertes poder parar
Catorcemil líneas las latas han de tragar
la red he de vulnerar
satélites van a comunicar
las ordenes a atrofiar
Es mi código magistral
aquel arte sensacional
que un viaje astral
ha de hacer por el espacio sideral
Ya tengo el control de las máquinas
la dictadura reptil terminará
y mi nombre impreso en láminas
el pueblo pronto venerará
Kalos empieza a temblar
pues la armada bajo mi mando está
la rendición ofrece firmar
y Larsen acepta tal cual está
Es mi victoria personal
mi ego ahora es abismal
tendré que hacer algo descomunal
para hacer de mí alguien proverbial
- Just Hack -
sábado, 26 de abril de 2014
Schz #2 - Propuesta - Parte 2
- Como te mencionaba, Saúl , ¡perdón! , ese era su nombre pasado ¿cierto? — Sareil reía, preguntando con los brazos casi levantados, cual tenor de opera, a los que a sus laterales seguían observando a Santiago. — perdón Santiago, perdón de nuevo hermano mío. Te necesito otra vez, ya sabrás los detalles a medida que pasen los años, ya supones como son las cosas aquí ¿no?, Simón las entendió inmediatamente, para nosotros desde tu nacimiento solo han transcurrido aproximadamente dos años, ¿me entiendes?, pero deberías estar agradecido, disfrutarás un poco tu pasado. Venga Teriel, ¡los sellos!, con cuidado por favor.
De la fila de seres que permanecían sentados a la derecha de Sareil, un hombre pelirrojo y con traje gris se levantó y caminó lentamente hasta Santiago. Empezó a palpar sus oídos, Santiago sentía algo de dolor, no podía hablar, sus músculos bucales no reaccionaban, y en su sordera temporal un pitido agudo se pronunciaba . Teriel entonces continuó con los ojos, con sus dedos empezó a frotar suavemente la visión de Santiago, él sentía un poco de ardor, cuando en sus tinieblas empezaba a escuchar pequeños susurros que opacaban al pitido inicial, extrañas voces discutían a lo lejos, ¿es otro idioma el que escucho? se preguntaba Santiago, mientras Teriel empezaba a pronunciar unas sentencias.
- Evita los campos santos, iglesias y cualquier otro establecimiento con muchos años de antiguedad — mencionaba Teriel mientras deslizaba sus dedos por las mejillas de Santiago, como si fuese a darle un beso. — Cierto,también obedece a los números, aquellas combinaciones poco habituales.
- Santiago, ¡levántate y anda! !jajaja! — gritaba Sareil, feliz por su hazaña, mientras Tariel retrocedía haciendo ademanes en su paso y Santiago volvía ver todo desenfocado de nuevo, mas los murmullos continuaban aumentando el volumen.
- ¿Y ahora quién pastea el ganado?¿alguno de ustedes se rebajaría a hacer labores con sucios?¿no?, venga Teriel, estás cerca, ¿no?,¡Mierda, despierta de tu desgracia Denael y ordena el rebaño! — escuchaba Santiago mientras perdía fortaleza en sus pies, trataba de desistir de la caida con sus brazos, pero era en vano y yacía desparramado de nuevo, desvaneciéndose dentro y fuera.
Sobre la pieza rentada en uno de los barrios más rancios de la metrópoli, por encima de una anciana pareja de decaídas personas que alegraban sus tardes con televisión basura, detrás de aquella manija algo oxidada, en un espacio no menor a sesenta metros de área, cerca a un escritorio caótico con muchos papeles recostados uno al otro, algunos pegados en las paredes conteniendo información que solo aquel joven liquidado en el suelo conocía, las moscas provenientes de un baño anticuado descansaban sobre un rostro húmedo e inerte, la más astuta de ellas seguía el sabor de las lágrimas, movía las patas emocionado por lo que encuentre, se desplazaba lentamente examinando con su boca la superficie, empieza a mojarse uno de sus miembros, la piel parece más delgada y cerca suyo divisa un negro mosaico, ¿será esa la fuente de este líquido?, parece preguntarse la mosca, demasiado curiosa demuestra ser, se acerca y por instinto salta a volar, pues aquel mosaico ahora se movía irregularmente mientras una esfera brillaba detrás suyo.
Santiago despierta y observa su entorno, la soga desistió de su fortuna destripándose así misma, él había caído y pérdida de memoria hubo acaecido, desorientado lamenta su fracaso, mientras limpia sus fluidos con una de sus manos, después se quita la soga y la tira con odio sin cálculo alguno. Se asusta al recordar aquel sueño vivido, no ha pestañeado hace poco, tieso, tratando de rememorar lo sucedido, ¿ese fue un sueño? se pregunta tragando saliba. Se estremece de nuevo, cuando el teléfono apaga el silencio.
- ¿Aló, buenas tardes? — responde Santiago aparentando un total relajo en sus cuerdas vocales.
- Cabrón, ¿por qué no viniste a clases?, necesitaba tus apuntes — una voz elocuente, sin preocupación alguna, reclamaba sutílmente la ausencia de un amigo que con permiso Santiago aceptó en sus días.
- Me quedé dormido, no jodas — respondía ahora un tono más juvenil, que no necesitaba de hipocresías pues una sonrisa se revelaba.
- Jajaja, me sorprende de ti, está bien, mañana lo vemos — todavía con resignación y una ligera cólera, aquella voz respetaba el enlace, evitando disgustar al comunicado.
- Sí, mañana, bueno chao. — Santiago se disponía a colgar la llamada, cuando parecía percibir de nuevo el reclame de su amigo en la línea — ¿ey?¿dijiste algo? — sin embargo, aquel emisor ya había dejado el contacto, Santiago fruncía el ceño, tratando de encontrar sentido a lo sucedido.
jueves, 24 de abril de 2014
Schz #2 - Propuesta - Parte 1
Anterior : http://devniel.blogspot.com/2013/10/schizoid-80.html
Santiago, con los ojos casi entrecerrados, solo mira el techo ofuscado de su pieza, con esfuerzo trata de respirar un poco pero el diafragma le impide el paso, su corazón palpita como perro mientras pequeñas lágrimas empiezan a recorrer sus mejillas. Las venas por debajo y en los laterales de su rostro se hinchan, una coloración azul invade su rostro, parece sonreir demasiado reluciendo así su dentadura y masticando el vacío de su desgracia. Trata de sujetar la soga, pero sus delicados brazos no tienen suficiente fuerza ni ángulo. Su visión se consume bajo algo parecido a combustión, cada vez ve más oscuro, aquel concreto blanco ahora son manchas negras en continua expansión.
- (...) ente! — percibe Santiago, ciego y con una fuerte pulsación en el cerebro.
- (...) iente! — Santiago saborea algo amargo, todavía ve oscuro, el lateral de su cuerpo está frío, frunce el ceño todavía con los ojos cerrados.
- Siguiente ! En pie ! Sucio ! — Un frío y aspero material coge su nuca y con fuerza levanta a Santiago de su estancia.
Aquellas ásperas manos abren los ojos de Santiago, y la pulsación cerebral incrementa su rango, ahora todo es gris y ofuscado, borrosas formas ve en movimiento con algo de esfuerzo.
- Santiago, Santiago, muchacho, sucio humano, reacciona ! — Aquella mancha gris golpea sus mejillas, parece hacerle bien, el desenfoque se disparce.
Quiere llorar, respira más rápido aún, está seco, se atraganta con el vacío mientras que su lengua convulsiona y sus dientes se resisten a la paciencia. Hay alguien delante de él, le observa ojo por ojo como rebuscando su orientación, parece ser una mujer, parece ser un hombre, tiene delicados rasgos pero aparenta haber sido maltratado de algún modo, tal cual una triste y perfecta melodía, es delicadamente constituida pero solo lástima resulta en sus oyentes. Así era él, o ella, le sujetaba el rostro a Santiago como limpiando sus pómulos con aquellos dedos rudos acariciando su presencia.
- Hermano, eres el siguiente. Aunque tu situación es algo difícil, eres parte de la excepción — el ser dejó de sujetarlo y tras de él se desplegó una muchedumbre de entidades similares en su rareza.
- Denael, ya, déjalo, déjanos verlo — Aquel estaba desnudo, mas sexo no se podía apreciar en sus partes, estaba configurado para mandar, no tenía rastros de cabello en el rostro y yacía sentado en un trono gris rodeado de objetos de extraña proscedencia. A sus lados, habían más desnudos, algunos llevaban túnicas grises, todos sentados, atentos a Santiago, como comentando secretos a sus espaldas.
- Santiago, me dicen Sareil y me encargo de decidir entre lo bueno y lo anticuado, entre lo obtuso y lo recto, entre Nietzsche y Hitler. Como ves, nunca la tengo fácil. ¡Para las cosas más simples están los neutros esos!¡ pero a mí!¡joder!¡a mí me encargaron esto!¡espero que este ciclo sea bien compensado¡ — explicaba el desnudo, gesticulando demasiado, como orando al público, los demás seguía mirándo a Santiago, por ahí, alguien reía.
- Santiago, Saúl, Sergio, Simón, Salathiel — Te ha costado llegar hasta aquí, ¿cierto?. Te necesitaba una vez más, perdón. — Sareil alzaba su brazo como indicando el cielo gris que cubría la escena, mientras los murmullos aumentaron su tono y Denael interrumpía el momento.
- ¡Sucio Sareil !, ¡dejad vivir a mis hermanos ! ¡podemos usar otros medios ! — gritaba Denael con voz de barítono.
- Denael, puedes retornar a tu ciclo si quieres, solo hace falta que lo declare, pero no pienso volver a interceder por ti en el olvido, ¿quieres eso?¿no?. Entonces sé sordo por hoy, mudo hasta mañana y que tus ojos solo puedan ver tu destino mas no el rumbo — en un tono más recio, Sareil se levantó de su descanso mientras que Denael caía arrodillado palpando desesperadamente sus oídos, abría demasiado la boca, parecía sufrir, había sido castigado.
Santiago, con los ojos casi entrecerrados, solo mira el techo ofuscado de su pieza, con esfuerzo trata de respirar un poco pero el diafragma le impide el paso, su corazón palpita como perro mientras pequeñas lágrimas empiezan a recorrer sus mejillas. Las venas por debajo y en los laterales de su rostro se hinchan, una coloración azul invade su rostro, parece sonreir demasiado reluciendo así su dentadura y masticando el vacío de su desgracia. Trata de sujetar la soga, pero sus delicados brazos no tienen suficiente fuerza ni ángulo. Su visión se consume bajo algo parecido a combustión, cada vez ve más oscuro, aquel concreto blanco ahora son manchas negras en continua expansión.
- (...) ente! — percibe Santiago, ciego y con una fuerte pulsación en el cerebro.
- (...) iente! — Santiago saborea algo amargo, todavía ve oscuro, el lateral de su cuerpo está frío, frunce el ceño todavía con los ojos cerrados.
- Siguiente ! En pie ! Sucio ! — Un frío y aspero material coge su nuca y con fuerza levanta a Santiago de su estancia.
Aquellas ásperas manos abren los ojos de Santiago, y la pulsación cerebral incrementa su rango, ahora todo es gris y ofuscado, borrosas formas ve en movimiento con algo de esfuerzo.
- Santiago, Santiago, muchacho, sucio humano, reacciona ! — Aquella mancha gris golpea sus mejillas, parece hacerle bien, el desenfoque se disparce.
Quiere llorar, respira más rápido aún, está seco, se atraganta con el vacío mientras que su lengua convulsiona y sus dientes se resisten a la paciencia. Hay alguien delante de él, le observa ojo por ojo como rebuscando su orientación, parece ser una mujer, parece ser un hombre, tiene delicados rasgos pero aparenta haber sido maltratado de algún modo, tal cual una triste y perfecta melodía, es delicadamente constituida pero solo lástima resulta en sus oyentes. Así era él, o ella, le sujetaba el rostro a Santiago como limpiando sus pómulos con aquellos dedos rudos acariciando su presencia.
- Hermano, eres el siguiente. Aunque tu situación es algo difícil, eres parte de la excepción — el ser dejó de sujetarlo y tras de él se desplegó una muchedumbre de entidades similares en su rareza.
- Denael, ya, déjalo, déjanos verlo — Aquel estaba desnudo, mas sexo no se podía apreciar en sus partes, estaba configurado para mandar, no tenía rastros de cabello en el rostro y yacía sentado en un trono gris rodeado de objetos de extraña proscedencia. A sus lados, habían más desnudos, algunos llevaban túnicas grises, todos sentados, atentos a Santiago, como comentando secretos a sus espaldas.
- Santiago, me dicen Sareil y me encargo de decidir entre lo bueno y lo anticuado, entre lo obtuso y lo recto, entre Nietzsche y Hitler. Como ves, nunca la tengo fácil. ¡Para las cosas más simples están los neutros esos!¡ pero a mí!¡joder!¡a mí me encargaron esto!¡espero que este ciclo sea bien compensado¡ — explicaba el desnudo, gesticulando demasiado, como orando al público, los demás seguía mirándo a Santiago, por ahí, alguien reía.
- Santiago, Saúl, Sergio, Simón, Salathiel — Te ha costado llegar hasta aquí, ¿cierto?. Te necesitaba una vez más, perdón. — Sareil alzaba su brazo como indicando el cielo gris que cubría la escena, mientras los murmullos aumentaron su tono y Denael interrumpía el momento.
- ¡Sucio Sareil !, ¡dejad vivir a mis hermanos ! ¡podemos usar otros medios ! — gritaba Denael con voz de barítono.
- Denael, puedes retornar a tu ciclo si quieres, solo hace falta que lo declare, pero no pienso volver a interceder por ti en el olvido, ¿quieres eso?¿no?. Entonces sé sordo por hoy, mudo hasta mañana y que tus ojos solo puedan ver tu destino mas no el rumbo — en un tono más recio, Sareil se levantó de su descanso mientras que Denael caía arrodillado palpando desesperadamente sus oídos, abría demasiado la boca, parecía sufrir, había sido castigado.
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